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VISTA DESDE UNA CAJA DE

CARTÓN: LAS TRABAJADORAS, SUS FAMILIAS Y LA INDUSTRIA DE LA MAQUILADORA 

EN 

CIUDAD ACUÑA, COAHUILA.[1]


 

Por la Lic. Elvia Rosales Arriola, J.D., M.A.  (Translated by David Rosales Santo and Alicia Santo Campello[2])

 

 

Era más de media mañana cuando estacioné mi auto a la puerta de la casa de Rosa María Ramos Rivas, "Rossy", de 34 años, y madre de dos chicos. Al salir del auto, me cuidé de cerrar bien mi maletín, un tanto preocupada de que mi grabadora cayera en el lodo que había por las fuertes lluvias que habían caído en Ciudad Acuña, una ciudad fronteriza con una industria maquiladora en fuerte crecimiento, situada al otro lado de Del Rio, Texas. Rossy acababa de levantarse, ya que trabaja el turno de las 5 de la tarde a las 2 de la madrugada en la General Electric en Ciudad Acuña. Ella, sus hijos, César y Marco, y su esposo Abraham viven en una casa de dos recámaras que ella considera una mejora comparado a los días cuando su familia no tenía más que una cobija y su propio calor corporal para combatir las noches frias. "Vinimos aquí de Comarca Lagunera, Torreón con una cobija de lana, una maleta y nuestros dos hijos chicos", me dijo. Llegaron a Ciudad Acuña buscando trabajo pues, ya no podían quedarse con los padres de su esposo trabajando como campesinos sin sueldo alguno. Hasta que encontraron trabajo se quedaron con una sobrina, luego otra, y después con un tío de Abraham.

Tan pronto como uno de ellos obtuvo trabajo, una señora mayor les rentó un "cuartito de cartón," un cuartito en una choza hecha con material de desecho y cartón. Cuando le pregunté a Rossy cómo pudieron sobrevivir en esas condiciones, me dijo: "fue muy dificil, pero era mejor que sentirse como que uno estaba de sobra en casa de otros. Después de un tiempo, alguien nos regaló una sartén, y una silla, luego alguien me vendió un pequeño buró para la ropa por cincuenta pesos y unas tarimas. Dormíamos en las tarimas porque no teníamos cama, y aguantábamos las frías noches todos acurrucados bajo una sola cobija”.

Mientras hablábamos contemplé la habitación con dos camas en la que dormía toda la familia, observando que ésta era la única pieza que tenía piso de cemento y le comenté: "Me imagino que así es como viene mucha gente aquí, no?" A lo que Rossy respondió: “la mayoría vienen así”. Continuó describiendo los cambios graduales que han sufrido en los nueve años desde que se mudaron a Ciudad Acuña. "El gran cambio fue como un año después de venir, en Navidad, en Arneses y Accesorios, donde trabaja mi esposo, nos dieron una cobija de lana gruesa a cada trabajador, y con mi aguinaldo en la General Electric nos permitió pagar una entrada para este terreno".

Dependiendo del tiempo y su valoración en relación con el salario, la tradición mexicana de la bonificación anual o plan de ahorros para los trabajadores, conocido como el aguinaldo de Navidad, puede mejorar considerablemente la situación del trabajador. Rossy mencionaba el fin de su primer año en Ciudad Acuña con el aguinaldo y la cobija extra como una época cuando su familia empezaba a ir a mejor. Pero comprar el terreno sólo era el principio. Podrían comprar material de construcción a través de un programa gubernamental de asistencia para la vivienda, pero tendrían que contratar  a los trabajadores para poder empezar a construir. Con el bajo sueldo que es tradicional en Ciudad Acuña, con un promedio de $25 dólares por semana, el proceso de construir algo que asemejara a una residencia tardaría algún tiempo.  "Primeramente intentamos tener algo mejor que el cuartito de carton. Si alguien nos vendía tarimas las íbamos añadiendo. Una semana eran tres, otra semana eran cinco…asi ibamos aumentandole".

El verano pasado pasé la noche en Piedras Negras en casa de Amparo Reyes, y le oí decir, refiriéndose a la recién instalada puerta “de verdad” del baño, que ella y otros que habían ayudado en la construcción y reparación de la casa -incluyendo a sus dos chicos- habían aprendido así a cómo convertirse en “carpinteros, plomeros, y cualquier cosa que hiciera falta”. Así que le pregunté a Rossy si ella y Abraham habían construído la pieza en la que ahora estábamos. "Sí, aprendimos al mismo tiempo que lo hacíamos. Continuamos construyendo con las tarimas sobre el cuartito de cartón. Pero finalmente hicimos lo mismo con el terreno, pues alguien quiso ocupar nuestra propiedad y nos tuvimos que venir a vivir aquí antes de que la construcción estuviera completa. Así que estábamos igual, durmiendo a la intemperie / a cielo abierto y construyendo sobre el cartón y las tarimas para resguardarnos del frio y las lluvias.”.

Que triste se oye la lluvia

Cada vez que oigo la canción venezolana "Casas de Cartón," que comienza con el refrán "que triste se oye la lluvia," me impacta la gran honestidad de la letra que se refiere al triste sonido de la lluvia sobre una "casa de carton," el viejo estándar de los extremadamente pobres en México y la América Central y Sur. La primera vez que escuché sus suaves y melancólicos tonos fue como música de fondo de un corto pero conciso documental producido por Heather Courtney, estudiante de la Universidad de Texas, que filmó la primera delegación de Tan Cerca de la Frontera -ciudadanos de Austin que viajaron a México a conocer a los trabajadores de las maquiladoras a través del Comité Fronterizo de Obreras y para saber más de sus condiciones laborales, salario y condiciones de vida. La película de Heather captura la desolada existencia de los trabajadores y sus familias, que vienen a la frontera en busca de una vida mejor, y que a menudo acaban conformándose con la visión de un trozo de terreno sin reclamar en una ciudad que promete trabajo en alguna de las miles de maquiladoras a lo largo de la frontera mexicana.

En Texas, el término "colonias"  se refiere a viviendas carentes de necesidades básicas y asentamientos faltos de agua corriente para abastecer a la población predominantemente Latina. En español de méxico, el término "colonia" se refiere a una sección de la ciudad, barrio o división. Parece que siempre he de explicar esto a mis colegas y amigos anglo-parlantes cuando hacen referencia a una dirección que empieza con el término "Colonia," un legado de los patrones residenciales que permanecieron desde el colonialismo de España en México desde 1540 a 1821. Las colonias sí tienen las calles pavimentadas y disponen de servicios públicos, mientras que un barrio está todavía en los primeros pasos después de ser asentamiento, es más bien un "campamento con esperanza" que espera ser integrado algún día como una colonia formal y sumado a los distritos de la ciudad para los trabajadores de clase media. Pero hasta que tales barrios adquieran ese nombramiento, puede tardar hasta veinte años, y la vida en las casas de cartón en México puede ser un tanto triste, tal y como demuestra el relato del período del matrimonio de Rossy y Abraham, cuando todo lo que tenían era una cobija, una maleta y lo que llevaban puesto.

Yo había conocido a Rossy y a su esposo durante el fín de semana, en una numerosa reunión en Piedras Negras con activistas del CFO y del grupo estadounidense Tan Cerca de la Frontera de Austin, Tejas.   Rossy y su marido se presentaron como voluntarios del CFO de Ciudad Acuña. Había llovido y tronado tan fuerte durante las sesiones de la mañana que me puse a hablar con la gente que acababa de conocer sobre cómo pueden los más pobres de los trabajadores sobrevivir haciéndole frente a estas malas condiciones climáticas.

Dos voluntarias del CFO de Reynosa y Río Bravo se apresuraron a contarme que en su región había docenas de familias que recientemente habían perdido “absolutamente todo” durante una tormenta que había inundado secciones completas de los asentamientos.  Muchos de los trabajadores se encontraban en una situación desesperada tratando de recuperar sus míseras posesiones de la inundación, conscientes de que cada hora y cada día que permanecían fuera de su trabajo significaba un sueldo más reducido del trabajo por pieza en el ya bajo sistema salarial de las maquiladoras. Cuando Verónica Quiroz me invitó a visitar Reynosa y Río Bravo para hacer otras entrevistas, se quejó de la triste existencia de los trabajadores de la maquiladora, incluso de aquellos que no viven en "casas de cartón," quienes, como su propia familia, solo pueden permitirse comprar ropa de segunda mano y artículos del hogar baratos con los mezquinos salarios que les pagan en las maquiladoras.

A pesar de toda la melancolía que acompañaba a estos recuentos, me impactó la diversidad de sentimientos que podía evocar una reunión de trabajadores, unidos en una lucha común –desde la tristeza y la rabia / el enojo que acompañan las historias de horror de los pésimos salarios, talleres arriesgosos y daňosos, o patrones y representantes sindicales con actitudes hostiles, hasta la alegría y la risa compartida en compañía de sus aliados estadounidenses al ofrecernos una representación dramática de su victoria en un reciente conflicto laboral. Por ejemplo, María Elena Robles Guardado, la voluntaria del CFO de Ciudad Acuña que me llevó más tarde a la casa de Rossy, parecía reir y llorar al mismo tiempo durante un descanso en nuestra reunión cuando recordábamos el principio de su matrimonio cuando también ella vivía en una "casa de cartón" y batallaba constantemente con las goteras durante tormentas similares a las fuertes lluvias y truenos que estábamos escuchando afuera. Con las risas de alivio y una mirada de recuerdos de desesperación, comentó "esa fue una terrible época que recuerdo muy bien”. Me la imaginé luchando para poder encontrar cobijo para ella y su entonces bebé Cindy, que ahora tiene seis años y que vive con sus padres probablemente en la misma casita, una muy parecida a la casa de Rossy y Abraham – dos recámaras que se han añadido con el tiempo con piezas de metal, madera y ladrillo.

Ciudad Acuña: Población “Bum” sin Centro

Es dificil pasear por Ciudad Acuña para el observador compasivo. Por todas partes se pueden ver casuchas construídas de cartón en contraste con el tráfico de ventas de baratijas, hoteles, comida americanizada con carteles que dan la bienvida en inglés, y los vendedores ambulantes -inmigrantes recién llegados o gente considerada demasiado mayor o enferma para trabajar en las fábricas – vendiendo sus artículos por las calles de la ciudad. La prueba obvia de la creciente población de Ciudad Acuña son los centenares de chozas de cartón, algunas de éstas precariamente construídas en terrenos que seguramente serán inundados durante los temporales. Hay otras indicaciones del crecimiento desmesurado de la ciudad, que notamos al tomar un largo paseo en un descanso de la reunion entre el CFO y el grupo “Tan Cerca”. Salí con dos familias de Ciudad Acuña para buscar una paletería o quizás heladerías para nosotros, y unos cuatro chavales.  Una de las companeras  comentó que allá les hacía falta una plaza con mercado central como la hay en Piedras Negras. Cd. Acuna es  otra ciudad fronteriza a unos 100 kilómetros al sudeste en el Estado de Coahuila. Por toda la República Mexicana las plazas sirven de centro social de la población, y son reconocidas por sus bancos y la sombra de sus arboledas donde las familias y amigos pueden sentarse. Casi siempre cuentan con un mercado cerca, con una variedad de negocios pequeños y changaritos que ofrecen comestibles a precios económicos.  Sin embargo Ciudad Acuña demuestra el sutil, pero no menos significativo impacto del bum de las maquiladoras con el pacto oportuno entre los industriales y la élite de los negocios de la ciudad.  Las maquilas más grandes acostumbran a bonificar a los empleados con cupones de descuento para las tiendas, supermercados y mueblerías más grandes en vez de aumentar los sueldos o remunerar las horas extras de trabajo. Cada vez que oigo hablar de estos “arreglos” me acuerdo de la expresión “la tienda de la compañía” surgida de la historia laborista americana en sus principios.

Niños Obreros arrastrados por la tormenta

Tengo una foto de mi viaje a finales de spetiembre de un jovenzuelo acarreando una fila de carritos del mandado en el estacionamineto de uno de estos grandes supermercados de Ciudad Acuña. Saqué la foto justo después de ver un grupo de muchachos dentro del la tienda vestidos de uniforme y a los que sermoneaba el encargado de la tiemda. Aunque sé que el tema la mano de obra infantil en México es un asunto frecuentemenete destacado en las encuestas e informes de la  organizaciones para los derechos humanos, aún me causa indignación cada vez que recibo otra confirmación de su existencia. Todavía me desconcierta cada vez que oigo de otra trabajadora de las maquiladoras que me dice que ya es abuela a los treinta-y-pocos años de edad, o que a mi pregunta de cúando empezó a trabajar, me contesta que empezó a la edad de catorce años en una maquiladora, o que desde la edad de siete años ayudaba a sus padres ejidatarios a recoger la coscha.

Más tarde descubrí que estos jóvenes de uniforme, acomodan y llevan el mandado para los clientes y recogen los carritos, pero no son empleados, incluso cuando los dueños de los supermercados aparentemente dependen de sus servicios. Según la leyes laborales de México el trabajador debe tener al menos 16 años para poder percibir salario. En cambio, los niños reciben propinas. Sus familias tienen que cubrir los gastos de los uniformes requeridos por los patrones si quieren el puesto para sus hijos. Para octubre, la foto que había tomado del muchachito de los carritos del mandado de repente tuvo un nuevo significado, caundo iba con María Elena Robles hacia la casa de Rossy y Abraham y nos acercamos a un puente cerca de ese mismo supermercado. María Elena me informó de la última tragedia sucedida en la ciudad a causa de las lluvias torrenciales. "Tres de esos niños que recogen los carritos murieron allí. Llovía muy fuerte, el puente se inundó y ellos iban a su casa después de cerrar la tienda a las once de la noche. Nunca llegaron a casa porque se ahogaron en la inundación".

El bum de las maquiladoras y dehumanización los trabajadores: Los dientes de engranaje en la rueda de la producción y competición global

Los residentes estadounidenses que conocen por primera vez mi trabajo en México a menudo me comentan que la situación de las maquiladoras allí les recuerda a una época de hace cien años en la historia del movimiento laborista en Estados Unidos. Un momento en la historia que asociamos con el nacimiento del sindicalismo con los amargos enfrentamientos entre las fuerzas laborales y los dueños, y con la mejora de la jornada laboral, los salarios y las condiciones de trabajo. Sí, les digo, y hay una buena razón por la cual los trabajadores mexicanos están empezando a decir – no - a los salarios y las condiciones de trabajo intolerables. Cuatrocientos trabajadores en una subsidiaria de la siderurgica Aluminum Company of America (ALCOA) en Ciudad Acuña, conocida por Arneses y Accesorios, efectivamnente dijeron - no – a la directiva cuando éstos abandonaron sus puestos en día 4 de octubre, 2000, porque no hubo resultado alguno a su petición presentada al Director General de ALCOA, Bob Hughes, quien vino a Ciudad Acuña el 4 de mayo del mismo año, fue quien escuchó personalmente de treinta trabajadores que ellos simplemente no podían alimentar y mantener a sus familias con los mesquinos sueldos que pagaba Arneses y Accesorios.

Los trabajadores de Ciudad Acuña reclaman contínuamente las importantes diferencias que hay entre sus salarios y los de los trabajadores de ALCOA en Piedras Negras. Aparentemente los “merojores salarios” en la fábricas de Arneses en Ciudad Acuña Arneses son de $450 a $500 pesos por semana, (unos $45 a $50 dólares) pero la mayoría de los trabajadores por Ciudad Acuña, me aseguran, ganan de sólo $200 a $300 pesos por semana ($20 a $30 dólares)lo que se puede considera poca más para evitar la inanición. Juan Tovar Santos, voluntario de la CFO quien encabezó la huelga de día 4 de octubre dice que jamás ha visto un aumento de salario en los nueve años que ha trabajado para ALCOA-Arneses. Para poder alimentar a su familia de una esposa y cuatro hijos repara automóbiles los fines de semana.

La tarea más importante de María Elena Robles como voluntaria de la CFO en Ciudad Acuña es de informar a sus aliados estadounidenses sobre la relación que hay entre el salario de la maquila y la situación de la supervivencia desesperante. Esto lo demuestra con gráficos que ella produjo señalando"la canasta básica”. El gráfico de la cansta básica se elabora estableciendo las vivencias reales de los trabajadores de las maquiladoras y evaluar el salario medio en Ciudad Acuña con las necesidades de una típica familia para alimentarse, vestirse, medicarse y educar a sus hijos. Las cifras empiezan con los menesteres básicos: alimentación, alojamiento, gastos de agua y luz, combustible para cocinar, and vestimienta y siempre dejando para lo último las medicinas y menesteres para los estudios, y las cuotas obligatorias para los estudios. No es nada sorprendente con estos salarios típicos de entre $21 a $31 dólares incitandao a tantos niños a dejar sus estudios al terminar la primaria para buscar trabajo y ayudar a sus familias, una angustiada misión simbolizada con la adquisición de actas de nacimiento falsas por parte del solicitantes de trabajo con el fin de manifestar que él o ella cuentan con los 16 años de edad para poder trabajar legalmente.

El día después de regresar de mi último viaje, simplemente lloré un mar de lágrimas causa de todas las ardientes emociones tras presenciar vidas de lucha e historias de dolor. Si no fuera por el valor que veo en los trabajadores que continúan animándose y educándose unos a otros, me sentiría paralizada por la arrogancia institucional aparentemente en juego en las que la economía goza de explícitos e implícitos privilegios para los inversores TLC. Estaría más abrumada por las preocupantes historias y de pensar que no podían ser verdad o que las situaciones son demasiado difíciles de afrontar.   Leí un artículo en un periódico de Ciudad Acuña respaldando aún más el relato de una trabajadora de cómo un grupo de empleadas de la Standard Components of Mexico, una de ella embarazada, resultaron intoxicadas por los gases de una explosión a media noche de una lata de disolvente que había sido descuidadamente colocada cerca de los hornos de la fábrica. Las mujeres detectaron el fuerte olor al empezar su turno a las 6 de la mañana, pero los encargados no permitieron que dejaran de trabajar. La dirección no evacuó la zona ni proporcionó asistencia médica hasta que 7 mujeres se quejaron de dolores de cabeza, nauseas, y empezaron a desmayarse. Al terminar el artículo me pregunto si la mujer embarazada, Juanita Rodríguez Duarte, habría tenido un aborto, pues sabiendo de otras investigaciones que las mujeres embarazadas en las maquiladoras frecuentemenete sufren abortos en las mismas instalaciones, porque se le da tan poca prioridad a la salud y la seguridad del trabajador.

Sentir tan abrumada con esta información me esta resultando cada vez más familiar con cada visita. Justo cuando empiezo a guardar el artículo sobre la contaminación y la mujer embarazada, dos fotos cayeron de mi carpeta de apuntes de mi último viaje. Muestran a dos niños, hijos de Nicolás Navarro Moreno, un ex-empleado de Arneses y Accesorios, quien trabajó varios años en la Planta Nº 7. Mirando a estos niños pequeños recuerdo el salón de reuniones de un restaurante grande en Ciudad Acuña donde el Sr. Navarro me entregó las fotos mienstras que él y Ramiro Minjares Gonzales, también ex-empleado de Arneses, explicando apasionadamente a un grupo de voluntarias del CFO y otros aliados de sus problemas con ALCOA. En Ciudad Acuña, los 11,000 trabajadores de Arneses y Accesorios ensamblan arneses y componentes de cables eléctricos que se usan en los tableros de varios de los más importantes modelos de automóviles que se venden en los Estados Unidos. Nicolás y Ramiro hablaron de parte de cincuente trabajadores actuales y anteriores, todos ellos pidiendo que ALCOA cumpla su alegada promesa verbal que les dieron en 1997 de exámenes médicos preventivos y/o el tratamineto necesario de por vida, porque desde 1989 a 1997 habían estado expuestos a la “MOCA” un componente altamente tóxico que se mezcla generalmente con resinas para la elaboración de moldes plásticos que sirven para cubrir circuitos electrónicos. El informe de la seguridad de sustancias describe a MOCA como 4,4'-Metilenobis (2-cloroanilina), un líquido de viscosidad media con un color de ámber claro y olor característica suave que nunca debería entrar en contacto con la piel, ojos y ropa y que tiene propiedades mutagénico-genotóxicas además de efectos carcinógenos.

En 1997, se alega que los doctores de la compañía informaron a los trabajadores que MOCA había causado cancer del tracto urinario en animales de laboratorio. Nicolás habló apasionadamente, pasándome copias de sus investigacions e informes médicos, a Ricardo Hernández del AFSC, a Julia Quiñones del CFO y al abogado del CFO, Fernando Fonseca, mencionando su firme promesa de no dejar la campaña para hacer que Arneses cumpla con su promesa de 1997 de cuidados médicos. Su campaña ha crecido con las recientes dificultades que los trabajadores están teniendo al obtener el MT-1, el seguro de la compañía del IMSS o Seguro Social, que si las lesiones o enfermedades de un trabajador están relacionadas con su trabajo, todas los análisis y su diagnosis deberían ser gratuitos. Hacia el final de su plática, Nicolás me entregó las fotografías de sus dos hijos pequeños, diciendo "sabemos por los estudios y por otras fuentes que esta sustancia puede cambiar la estructura de ADN de las personas. Me preocupa lo que le puedo haber pasado a estos niños porque los tuvimos cuando yo todavía estaba trabajando con este producto químico sin el equipo de seguridad adecuado.” De hecho, este es un problema muy arraigado en la industria de la maquiladora –la falta de equipamiento de seguridad adecuado y una ventilación apropiada proxima al lugar de trabajo de los trabajadores. Como consecuencia, se alega en una demanda bajo el TLC contra dos compañías en Matamoros, que, como ALCOA, también ensamblan refacciones usando fuertes disolventes y pegamentos, la falta institucional  respecto a la salud del trabajador en las maquiladoras lleva a problemas medicos crónicos y graves, como pueden ser nausea, dolores de cabezas, migrañas, dificultades de respiración crónicas, abortos, nacidos muertos y otros defectos congénitos, y todos están relacionados con la exposición de los trabajadores a sustancias químicas y productos de desecho tóxicos. (Dos llamadas a la directiva de ALCOA Fujikura Ltd. en San Antonio, Texas no se contestaron acerca de estos asuntos).

Por supuesto, ninguna cantidad de informes o documentación puede sustituir el impacto visual de la presencia de la industria de la maquiladora en la frontera y de su impacto enla via diaria de  los trabajadores y sus familias. Se les ve simplemente caminando por las colonias y barrios llenos de niños que salen de las chozas, sin zapatos caminando por caminos de tierra y piedras sin asfaltar, que se convierten en charcos de lodo y agua durante las lluvias fuertes, y que son asalto al paisaje cuando contrastan con los elegantes edificios y estacionamientos de la directiva de las maquiladoras que se encuentran justo al otro lado de la carretera. O también existe el impacto emocional y visual de visitar la casa de una trabajadora de la maquiladora que ni siquiera goza de agua para un baño, que tiene paredes y techos construidos con desechos de cartón, madera y metal, mientras te cuenta sobre sus compañeras que casi pierden sus dedos o manos en accidentes de trabajo, que tienen abortos espontáneos y pésimos cuidados médicos, o de cómo ella y su familia están tratando de conseguir a duras penas una existencia normal con los sueldos ofensivos que tipifican la “carrera hacia el fondo de pago “ de la economía global.

Lo que conduce a la competencia en una economía global es la promesa de unos beneficios cada vez mayores, que se perciben como posible solo con unos de producción más bajos y una mano de obra extranjera más barata, todo ello a expensas del derecho del trabajor a una vida digna , salud y felicidad.

Una explicación obvia a los pesimos salarios por lo menos en Ciudad Acuña, es que la cuidad no tiene una prosencia sindical significativa. Asi mismo se rumorea que el alcalde promete a todo nuevo industrial de que la ciudad permanecerá libre de sindicatos. Como resultado, cada una maquiladora, sin importar la imaginen de relaciones públicas que su compañía matriz comunique globalmente, puede rapidamente convertirse en una castilla completa con rey y sirvientes, conducidos por encargados locales que imponen unos metodos de producción estrictos de patrón-sirviente, tratamiento evasivo a los trabajadores, con el único proposito de conseguir el máximo nivel de producción con el minimo coste posible.

Por supuesto, cuando la meta es la producción rápida y global, los empresarios deciden que es más importante que el nuevo empleado empieze a trabajar que entrenarle en cuestiones de seguridad, o enseñarles suficiente ingles para que puedan leer las etiquetas de precaución de las sustancias quimicas y  toxicas, o adquirir equipos caros de protección. Cuando mantener las maquinas en funcionamiento se cree ser más importante que el impacto de la maquinaria en los humanos que la manejan,  entonces la obrera pierde su humanidad.  Hablamos de un sistema económico que se apoya en convertir a los humanos en repuestos de maquinaria, en dientes de engranaje de una rueda de producción global que no piensan, no sienten, no sufren, no tienen vidas, familias o seres queridos.

 

[1] Originally published for Frontera Norte-Sur, Dec. 2000, at www.nmsu.edu/~frontera/

[2]  David Rosales Arriola and Alicia Santo Campello of Traducciones Rosanto live and work in Elche, Alicante, Spain.  David is Mexican-American by descent and former President of the U.S,-Mexico Chamber of Commerce in California, U.S.A. His wife Alicia is a Spaniard who worked for many years in international banking in the U.S.A.  They can be reached at rosanto@medtelecom.net

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