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VISTA
DESDE UNA CAJA DE CARTÓN: LAS TRABAJADORAS, SUS FAMILIAS Y LA INDUSTRIA DE LA MAQUILADORA EN CIUDAD ACUÑA, COAHUILA.[1]
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Por la Lic. Elvia Rosales Arriola, J.D., M.A. (Translated by David Rosales Santo and Alicia Santo Campello[2]) |
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Era más de
media mañana cuando estacioné mi auto a la puerta de la casa de Rosa María Ramos Rivas,
"Rossy", de 34 años, y madre de dos chicos. Al salir del auto, me cuidé de
cerrar bien mi maletín, un tanto preocupada de que mi grabadora cayera en el lodo que había
por las fuertes lluvias que habían caído en Ciudad Acuña, una ciudad fronteriza con una
industria maquiladora en fuerte crecimiento, situada al otro lado de Del Rio, Texas. Rossy
acababa de levantarse, ya que trabaja el turno de las 5 de la tarde a las 2 de la
madrugada en la General Electric en Ciudad Acuña. Ella, sus hijos, César y Marco, y su
esposo Abraham viven en una casa de dos recámaras que ella considera una mejora comparado
a los días cuando su familia no tenía más que una cobija y su propio calor corporal
para combatir las noches frias. "Vinimos aquí de Comarca Lagunera, Torreón con una
cobija de lana, una maleta y nuestros dos hijos chicos", me dijo. Llegaron a Ciudad
Acuña buscando trabajo pues, ya no podían quedarse con los padres de su esposo
trabajando como campesinos sin sueldo alguno. Hasta que encontraron trabajo se quedaron
con una sobrina, luego otra, y después con un tío de Abraham. Tan pronto
como uno de ellos obtuvo trabajo, una señora mayor les rentó un "cuartito de
cartón,"
un cuartito en una choza hecha con material de desecho y cartón. Cuando le pregunté a
Rossy cómo pudieron sobrevivir en esas condiciones, me dijo: "fue muy dificil, pero
era mejor que sentirse como que uno estaba de sobra en casa de otros. Después de un
tiempo, alguien nos regaló una sartén, y una silla, luego alguien me vendió un pequeño
buró para la ropa por cincuenta pesos y unas tarimas. Dormíamos en las tarimas porque no
teníamos cama, y aguantábamos las frías noches todos acurrucados bajo una sola cobija”.
Mientras
hablábamos contemplé la habitación con dos camas en la que dormía toda la familia,
observando que ésta era la única pieza que tenía piso de cemento y le comenté:
"Me imagino que así es como viene mucha gente aquí, no?" A lo que Rossy
respondió: “la mayoría vienen así”. Continuó describiendo los cambios graduales
que han sufrido en los nueve años desde que se mudaron a Ciudad Acuña. "El gran
cambio fue como un año después de venir, en Navidad, en Arneses y Accesorios, donde
trabaja mi esposo, nos dieron una cobija de lana gruesa a cada trabajador, y con mi
aguinaldo en la General Electric nos permitió pagar una entrada para este terreno". Dependiendo del tiempo y su valoración
en relación con el salario, la tradición mexicana de la bonificación anual o plan de
ahorros para los trabajadores, conocido como el aguinaldo de Navidad, puede mejorar
considerablemente la situación del trabajador. Rossy mencionaba el fin de su primer año
en Ciudad Acuña con el aguinaldo y la cobija extra como una época cuando su familia
empezaba a ir a mejor. Pero comprar el terreno sólo era el principio. Podrían comprar
material de construcción a través de un programa gubernamental de asistencia para la
vivienda, pero tendrían que contratar a los
trabajadores para poder empezar a construir. Con el bajo sueldo que es tradicional en
Ciudad Acuña, con un promedio de $25 dólares por semana, el proceso de construir algo
que asemejara a una residencia tardaría algún tiempo.
"Primeramente intentamos tener algo mejor que el cuartito de carton. Si
alguien nos vendía tarimas las íbamos añadiendo. Una semana eran tres, otra semana eran
cinco…asi ibamos aumentandole". El verano pasado pasé la noche en
Piedras Negras en casa de Amparo Reyes, y le oí decir, refiriéndose a la recién
instalada puerta “de verdad” del baño, que ella y otros que habían ayudado en la
construcción y reparación de la casa -incluyendo a sus dos chicos- habían aprendido así
a cómo convertirse en “carpinteros, plomeros, y cualquier cosa que hiciera falta”. Así
que le pregunté a Rossy si ella y Abraham habían construído la pieza en la que ahora
estábamos. "Sí, aprendimos al mismo tiempo que lo hacíamos. Continuamos
construyendo con las tarimas sobre el cuartito de cartón. Pero finalmente hicimos lo
mismo con el terreno, pues alguien quiso ocupar nuestra propiedad y nos tuvimos que venir
a vivir aquí antes de que la construcción estuviera completa. Así que estábamos igual,
durmiendo a la intemperie / a cielo abierto y construyendo sobre el cartón y las tarimas
para resguardarnos del frio y las lluvias.”. Que triste se oye la lluvia
Cada vez que oigo la canción
venezolana "Casas de Cartón," que comienza con el refrán "que triste se
oye la lluvia," me impacta la gran honestidad de la letra que se refiere al triste
sonido de la lluvia sobre una "casa de carton," el viejo estándar de los
extremadamente pobres en México y la América Central y Sur. La primera vez que escuché
sus suaves y melancólicos tonos fue como música de fondo de un corto pero conciso
documental producido por Heather Courtney, estudiante de la Universidad de Texas, que filmó
la primera delegación de Tan Cerca de la Frontera -ciudadanos de Austin que viajaron a México
a conocer a los trabajadores de las maquiladoras a través del Comité Fronterizo de
Obreras y para saber más de sus condiciones laborales, salario y condiciones de vida. La
película de Heather captura la desolada existencia de los trabajadores y sus familias,
que vienen a la frontera en busca de una vida mejor, y que a menudo acaban conformándose
con la visión de un trozo de terreno sin reclamar en una ciudad que promete trabajo en
alguna de las miles de maquiladoras a lo largo de la frontera mexicana. En Texas, el término "colonias" se refiere a viviendas carentes de necesidades básicas
y asentamientos faltos de agua corriente para abastecer a la población predominantemente
Latina. En español de méxico, el término "colonia" se refiere a una sección
de la ciudad, barrio o división. Parece que siempre he de explicar esto a mis colegas y
amigos anglo-parlantes cuando hacen referencia a una dirección que empieza con el término
"Colonia," un legado de los patrones residenciales que permanecieron desde el
colonialismo de España en México desde 1540 a 1821. Las colonias sí tienen las calles
pavimentadas y disponen de servicios públicos, mientras que un barrio está todavía en
los primeros pasos después de ser asentamiento, es más bien un "campamento con
esperanza" que espera ser integrado algún día como una colonia formal y sumado a
los distritos de la ciudad para los trabajadores de clase media. Pero hasta que tales
barrios adquieran ese nombramiento, puede tardar hasta veinte años, y la vida en las
casas de cartón en México puede ser un tanto triste, tal y como demuestra el relato del
período del matrimonio de Rossy y Abraham, cuando todo lo que tenían era una cobija, una
maleta y lo que llevaban puesto. Yo había conocido a Rossy y a su
esposo durante el fín de semana, en una numerosa reunión en Piedras Negras con
activistas del CFO y del grupo estadounidense Tan Cerca de la Frontera de Austin, Tejas. Rossy y su marido se presentaron como
voluntarios del CFO de Ciudad Acuña. Había llovido y tronado tan fuerte durante las
sesiones de la mañana que me puse a hablar con la gente que acababa de conocer sobre cómo
pueden los más pobres de los trabajadores sobrevivir haciéndole frente a estas malas
condiciones climáticas. Dos voluntarias del CFO de Reynosa y Río
Bravo se apresuraron a contarme que en su región había docenas de familias que
recientemente habían perdido “absolutamente todo” durante una tormenta que había
inundado secciones completas de los asentamientos. Muchos
de los trabajadores se encontraban en una situación desesperada tratando de recuperar sus
míseras posesiones de la inundación, conscientes de que cada hora y cada día que
permanecían fuera de su trabajo significaba un sueldo más reducido del trabajo por pieza
en el ya bajo sistema salarial de las maquiladoras. Cuando Verónica Quiroz me invitó a
visitar Reynosa y Río Bravo para hacer otras entrevistas, se quejó de la triste
existencia de los trabajadores de la maquiladora, incluso de aquellos que no viven en
"casas de cartón," quienes, como su propia familia, solo pueden permitirse
comprar ropa de segunda mano y artículos del hogar baratos con los mezquinos salarios que
les pagan en las maquiladoras. A pesar de toda la melancolía que
acompañaba a estos recuentos, me impactó la diversidad de sentimientos que podía evocar
una reunión de trabajadores, unidos en una lucha común –desde la tristeza y la rabia /
el enojo que acompañan las historias de horror de los pésimos salarios, talleres
arriesgosos y daňosos, o patrones y representantes sindicales con actitudes hostiles,
hasta la alegría y la risa compartida en compañía de sus aliados estadounidenses al
ofrecernos una representación dramática de su victoria en un reciente conflicto laboral.
Por ejemplo, María Elena Robles Guardado, la voluntaria del CFO de Ciudad Acuña que me
llevó más tarde a la casa de Rossy, parecía reir y llorar al mismo tiempo durante un
descanso en nuestra reunión cuando recordábamos el principio de su matrimonio cuando
también ella vivía en una "casa de cartón" y batallaba constantemente con las
goteras durante tormentas similares a las fuertes lluvias y truenos que estábamos
escuchando afuera. Con las risas de alivio y una mirada de recuerdos de desesperación,
comentó "esa fue una terrible época que recuerdo muy bien”. Me la imaginé
luchando para poder encontrar cobijo para ella y su entonces bebé Cindy, que ahora tiene
seis años y que vive con sus padres probablemente en la misma casita, una muy parecida a
la casa de Rossy y Abraham – dos recámaras que se han añadido con el tiempo con piezas
de metal, madera y ladrillo.
Ciudad Acuña: Población
“Bum” sin Centro
Es dificil pasear por Ciudad Acuña
para el observador compasivo. Por todas partes se pueden ver casuchas construídas de cartón
en contraste con el tráfico de ventas de baratijas, hoteles, comida americanizada con
carteles que dan la bienvida en inglés, y los vendedores ambulantes -inmigrantes recién
llegados o gente considerada demasiado mayor o enferma para trabajar en las fábricas –
vendiendo sus artículos por las calles de la ciudad. La prueba obvia de la creciente
población de Ciudad Acuña son los centenares de chozas de cartón, algunas de éstas
precariamente construídas en terrenos que seguramente serán inundados durante los
temporales. Hay otras indicaciones del crecimiento desmesurado de la ciudad, que notamos
al tomar un largo paseo en un descanso de la reunion entre el CFO y el grupo “Tan Cerca”.
Salí con dos familias de Ciudad Acuña para buscar una paletería o quizás heladerías
para nosotros, y unos cuatro chavales. Una de
las companeras comentó que allá les hacía
falta una plaza con mercado central como la hay en Piedras Negras. Cd. Acuna es otra ciudad fronteriza a unos 100 kilómetros al
sudeste en el Estado de Coahuila. Por toda la República Mexicana las plazas sirven de
centro social de la población, y son reconocidas por sus bancos y la sombra de sus
arboledas donde las familias y amigos pueden sentarse. Casi siempre cuentan con un mercado
cerca, con una variedad de negocios pequeños y changaritos que ofrecen comestibles a
precios económicos. Sin embargo Ciudad Acuña
demuestra el sutil, pero no menos significativo impacto del bum de las maquiladoras con el
pacto oportuno entre los industriales y la élite de los negocios de la ciudad. Las maquilas más grandes acostumbran a bonificar
a los empleados con cupones de descuento para las tiendas, supermercados y mueblerías más
grandes en vez de aumentar los sueldos o remunerar las horas extras de trabajo. Cada vez
que oigo hablar de estos “arreglos” me acuerdo de la expresión “la tienda de la
compañía” surgida de la historia laborista americana en sus principios. Niños Obreros arrastrados por la tormenta Tengo una foto de mi viaje a finales de
spetiembre de un jovenzuelo acarreando una fila de carritos del mandado en el
estacionamineto de uno de estos grandes supermercados de Ciudad Acuña. Saqué la foto
justo después de ver un grupo de muchachos dentro del la tienda vestidos de uniforme y a
los que sermoneaba el encargado de la tiemda. Aunque sé que el tema la mano de obra
infantil en México es un asunto frecuentemenete destacado en las encuestas e informes de
la organizaciones para los derechos humanos,
aún me causa indignación cada vez que recibo otra confirmación de su existencia. Todavía
me desconcierta cada vez que oigo de otra trabajadora de las maquiladoras que me dice que
ya es abuela a los treinta-y-pocos años de edad, o que a mi pregunta de cúando empezó a
trabajar, me contesta que empezó a la edad de catorce años en una maquiladora, o que
desde la edad de siete años ayudaba a sus padres ejidatarios a recoger la coscha. Más
tarde descubrí que estos jóvenes de uniforme, acomodan y llevan el mandado para los
clientes y recogen los carritos, pero no son empleados, incluso cuando los dueños de los
supermercados aparentemente dependen de sus servicios. Según la leyes laborales de México
el trabajador debe tener al menos 16 años para poder percibir salario. En cambio, los niños
reciben propinas. Sus familias tienen que cubrir los gastos de los uniformes requeridos
por los patrones si quieren el puesto para sus hijos. Para octubre, la foto que había
tomado del muchachito de los carritos del mandado de repente tuvo un nuevo significado,
caundo iba con María Elena Robles hacia la casa de Rossy y Abraham y nos acercamos a un
puente cerca de ese mismo supermercado. María Elena me informó de la última tragedia El bum de las maquiladoras y dehumanización los
trabajadores: Los dientes de
engranaje en la rueda de la producción y competición global Los residentes estadounidenses que
conocen por primera vez mi trabajo en México a menudo me comentan que la situación de
las maquiladoras allí les recuerda a una época de hace cien años en la historia del
movimiento laborista en Estados Unidos. Un momento en la historia que asociamos con el
nacimiento del sindicalismo con los amargos enfrentamientos entre las fuerzas laborales y
los dueños, y con la mejora de la jornada laboral, los salarios y las condiciones de
trabajo. Sí, les digo, y hay una buena razón por Los trabajadores de Ciudad Acuña
reclaman contínuamente las importantes diferencias que hay entre sus salarios y los de
los trabajadores de ALCOA en Piedras Negras. Aparentemente los “merojores salarios” en
la fábricas de Arneses en Ciudad Acuña Arneses son de $450 a $500 pesos por semana, La tarea más importante de María
Elena Robles como voluntaria de la CFO en Ciudad Acuña es de informar a sus aliados
estadounidenses sobre la relación que hay entre el salario de la maquila y la situación
de la supervivencia desesperante. Esto lo demuestra con gráficos que ella produjo señalando"la
canasta básica”. El gráfico de la cansta básica se elabora estableciendo las
vivencias reales de los trabajadores de las maquiladoras y evaluar el salario medio en
Ciudad Acuña con las necesidades de una típica familia para alimentarse, vestirse,
medicarse y educar a sus hijos. Las cifras empiezan con los menesteres básicos:
alimentación, alojamiento, gastos de agua y luz, combustible para cocinar, and
vestimienta y siempre dejando para lo último las medicinas y menesteres para los estudios,
y las cuotas obligatorias para los estudios. No es nada sorprendente con estos salarios típicos
de entre $21 a $31 dólares incitandao a tantos niños a dejar sus estudios al terminar la
primaria para buscar trabajo y ayudar a sus familias, una angustiada misión simbolizada
con la adquisición de actas de nacimiento falsas por parte del solicitantes de trabajo
con el fin de manifestar que él o ella cuentan con los 16 años de edad para poder
trabajar legalmente. El día después de regresar de mi último
viaje, simplemente lloré un mar de lágrimas causa de todas las ardientes emociones tras
presenciar vidas de lucha e historias de dolor. Si no fuera por el valor que veo en los
trabajadores que continúan animándose y educándose unos a otros, me sentiría
paralizada por la arrogancia institucional aparentemente en juego en las que la economía
goza de explícitos e implícitos privilegios para los inversores TLC. Estaría más
abrumada por las preocupantes historias y de pensar que no podían ser verdad o que las
situaciones son demasiado difíciles de afrontar.
Leí un artículo en un periódico de Ciudad Acuña respaldando aún más el relato
de una trabajadora de cómo un grupo de empleadas de la Standard Components of Mexico, una
de ella embarazada, resultaron intoxicadas por los gases de una explosión a media noche
de una lata de disolvente que había sido descuidadamente colocada cerca de los hornos de
la fábrica. Las mujeres detectaron el fuerte olor al empezar su turno a las 6 de la
mañana,
pero los encargados no permitieron que dejaran de trabajar. La dirección no evacuó la
zona ni proporcionó asistencia médica hasta que 7 mujeres se quejaron de dolores de
cabeza, nauseas, y empezaron a desmayarse. Al terminar el artículo me pregunto si la
mujer embarazada, Juanita Rodríguez Duarte, habría tenido un aborto, pues sabiendo de
otras investigaciones que las mujeres embarazadas en las maquiladoras frecuentemenete
sufren abortos en las mismas instalaciones, porque se le da tan poca prioridad a la salud
y la seguridad del trabajador. Sentir tan abrumada con esta información
me esta resultando cada vez más familiar con cada visita. Justo cuando empiezo a guardar
el artículo sobre la contaminación y la mujer embarazada, dos fotos cayeron de mi
carpeta de apuntes de mi último viaje. Muestran a dos niños, hijos de Nicolás Navarro
Moreno, un ex-empleado de Arneses y Accesorios, quien trabajó varios años en la Planta Nº
7. Mirando a estos niños pequeños recuerdo el salón de reuniones de un restaurante
grande en Ciudad Acuña donde el Sr. Navarro me entregó las fotos mienstras que él y
Ramiro Minjares Gonzales, también ex-empleado de Arneses, explicando apasionadamente a un
grupo de voluntarias del CFO y otros aliados de sus problemas con ALCOA. En Ciudad Acuña,
los 11,000 trabajadores de Arneses y Accesorios ensamblan arneses y componentes de cables
eléctricos que se usan en los tableros de varios de los más importantes modelos de automóviles
que se venden en los Estados Unidos. Nicolás y Ramiro hablaron de parte de cincuente
trabajadores actuales y anteriores, todos ellos pidiendo que ALCOA cumpla su alegada
promesa verbal que les dieron en 1997 de exámenes médicos preventivos y/o el tratamineto
necesario de por vida, porque desde 1989 a 1997 habían estado expuestos a la “MOCA”
un componente altamente tóxico que se En 1997, se alega que los doctores de
la compañía informaron a los trabajadores que MOCA había causado cancer del tracto
urinario en animales de laboratorio. Nicolás habló apasionadamente, pasándome copias de
sus investigacions e informes médicos, a Ricardo Hernández del AFSC, a Julia Quiñones
del CFO y al abogado del CFO, Fernando Fonseca, mencionando su firme promesa de no dejar
la campaña para hacer que Arneses cumpla con su promesa de 1997 de cuidados médicos. Su
campaña ha crecido con las recientes dificultades que los trabajadores están teniendo al
obtener el MT-1, el seguro de la compañía del IMSS o Seguro Social, que si las lesiones
o enfermedades de un trabajador están relacionadas con su trabajo, todas los análisis y
su diagnosis deberían ser gratuitos. Hacia el final de su plática, Nicolás me entregó
las fotografías de sus dos hijos pequeños, diciendo "sabemos por los estudios y por
otras fuentes que esta sustancia puede cambiar la estructura de ADN de las personas. Me
preocupa lo que le puedo haber pasado a estos niños porque los tuvimos cuando yo todavía
estaba trabajando con este producto químico sin el equipo de seguridad adecuado.” De
hecho, este es un problema muy arraigado en la industria de la maquiladora –la falta de
equipamiento de seguridad adecuado y una ventilación apropiada proxima al lugar de
trabajo de los trabajadores. Como consecuencia, se alega en una demanda bajo el TLC contra
dos compañías en Matamoros, que, como ALCOA, también ensamblan refacciones usando
fuertes disolventes y pegamentos, la falta institucional
respecto a la salud del trabajador en las maquiladoras lleva a problemas medicos crónicos
y graves, como pueden ser nausea, dolores de cabezas, migrañas, dificultades de respiración
crónicas, abortos, nacidos muertos y otros defectos congénitos, y todos están
relacionados con la exposición de los trabajadores a sustancias químicas y productos de
desecho tóxicos. (Dos llamadas a la directiva de ALCOA Fujikura Ltd. en San Antonio,
Texas no se contestaron acerca de estos asuntos). Por supuesto, ninguna cantidad de
informes o documentación puede sustituir el impacto visual de la presencia de la
industria de la maquiladora en la frontera y de su impacto enla via diaria de los trabajadores y sus familias. Se les ve
simplemente caminando por las colonias y barrios llenos de niños que salen de las chozas,
sin zapatos caminando por caminos de tierra y piedras sin asfaltar, que se convierten en
charcos de lodo y agua durante las lluvias fuertes, y que son asalto al paisaje cuando
contrastan con los elegantes edificios y estacionamientos de la directiva de las
maquiladoras que se encuentran justo al otro lado de la carretera. O también existe el
impacto emocional y visual de visitar la casa de una trabajadora de la maquiladora que ni
siquiera goza de agua para un baño, que tiene paredes y techos construidos con desechos
de cartón, madera y metal, mientras te cuenta sobre sus compañeras que casi pierden sus
dedos o manos en accidentes de trabajo, que tienen abortos espontáneos y pésimos
cuidados médicos, o de cómo ella y su familia están tratando de conseguir a duras penas
una existencia normal con los sueldos ofensivos que tipifican la “carrera hacia el fondo
de pago “ de la economía global. Lo que conduce a la competencia en una
economía global es la promesa de unos beneficios cada vez mayores, que se perciben como
posible solo con unos de producción más bajos y una mano de obra extranjera más barata,
todo ello a expensas del derecho del trabajor a una vida digna , salud y felicidad. Una explicación obvia a los pesimos
salarios por lo menos en Ciudad Acuña, es que la cuidad no tiene una prosencia sindical
significativa. Asi mismo se rumorea que el alcalde promete a todo nuevo industrial de que
la ciudad permanecerá libre de sindicatos. Como resultado, cada una maquiladora, sin
importar la imaginen de relaciones públicas que su compañía matriz comunique
globalmente, puede rapidamente convertirse en una castilla completa con rey y sirvientes,
conducidos por encargados locales que imponen unos metodos de producción estrictos de
patrón-sirviente, tratamiento evasivo a los trabajadores, con el único proposito de
conseguir el máximo nivel de producción con el minimo coste posible. Por supuesto, cuando la meta es la producción rápida y global, los
empresarios deciden que es más importante que el nuevo empleado empieze a trabajar que
entrenarle en cuestiones de seguridad, o enseñarles suficiente ingles para que puedan
leer las etiquetas de precaución de las sustancias quimicas y toxicas, o adquirir equipos caros de protección.
Cuando mantener las maquinas en funcionamiento se cree ser más importante que el impacto de la maquinaria en los humanos que la
manejan, entonces la obrera pierde su
humanidad. Hablamos de un sistema económico
que se apoya en convertir a los humanos en repuestos de maquinaria, en dientes de
engranaje de una rueda de producción global que no piensan, no sienten, no sufren, no
tienen vidas, familias o seres queridos. [1] Originally published for
Frontera Norte-Sur, Dec. 2000, at www.nmsu.edu/~frontera/ [2] David Rosales Arriola and Alicia Santo Campello of Traducciones Rosanto live and work in Elche, Alicante, Spain. David is Mexican-American by descent and former President of the U.S,-Mexico Chamber of Commerce in California, U.S.A. His wife Alicia is a Spaniard who worked for many years in international banking in the U.S.A. They can be reached at rosanto@medtelecom.net |