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NACIDAS DE LA MUJER: VALOR & FUERZA PARA SOBREVIVIR EN LAS MAQUILADORAS DE REYNOSA Y RIO BRAVO, TAMAULIPAS[1]


 

por la Lic. Elvia Rosales Arriola  (Translated by David Rosales Arriola and Alicia Santo Campello)[2]

María Elena García Sierra, de 27 años, se sacaba su calcetín blanco para enseñarme sus pies donde padecía de unas infecciones recurrentes desde que tenía 17 años. Me costó mucho controlar el horror que sentí al intentar ver las cicatrices con la cámara de vídeo. Señalándome las partes afectadas, siguió contando su historia personal de trabajadora de la maquiladora, empezando con el primer trabajo que obtuvo a los 15 años con Hamill de México (actualmente TRW) y que terminó dos años después debido a la infección.

Ella me cuenta: "No puedo usar zapatos abiertos y cuando hace calor tengo que usar calcetines de algodón para evitar que la humedad provoque que reaparezcan los hongos". Señaló unos tejidos obscurecidos de la piel en la parte superior de los pies, viejas señales de raspaduras y rasgos de que la piel una vez se había partido, y a lo que ella refiere como las señales de un período de un año cuando por vez primera sus pies desarrollaron unos hongos inexplicables y una infección que le quebrantó y pudrió la piel tanto “que, hasta mis propios hermanos y hermanas me decían que me apartara por el horrible olor".

Los médicos concluyeron que la condición era tan grave que si no encontraba una cura y no dejaba de trabajar en el ambiente, que había obviamente contribuido a la infección, que perdería los pies por la gangrena. Su madre le dijo: “aunque aprecio la ayuda de tu trabajo, no quiero que pierdas los pies”. Así que María Elena dejó su trabajo en Hamill, donde por dos años ensambló mecanismos de cierre para cinturones de seguridad de miles de autos. Durante ese tiempo se expuso a unas partículas finas de polvo que no sólo le cubrieron los brazos, manos y parte superior de los pies que no estaban protegidos, sino que también le causaron la misteriosa condición que a la fecha, ella declara, no tiene ninguna cura permanente. Sólo después de varios meses de curas caseras y reposo fue capaz de controlar la infección. Como un año después se fue a otra fábrica.

Me apenó mucho oír la historia de María Elena, no sólo por sus problemas de salud, sino porque yo sabía que era una de miles de casos similares que demuestran cómo la salud general de los trabajadores mexicanos de las maquiladoras ha sufrido debido a proliferación de las plantas de ensamblaje bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC). Mi pena aun más profunda conectó su historia con el hecho de que el gobierno y oficiales de comercio, incluyendo a la Administración de Bush, en la actualidad están intentando implementar lo más pronto posible el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), un ambicioso proyecto corporativo global que intenta extender la política de libre comercio bajo el TLC a 34 países por el hemisferio occidental.

"Sólo hay trabajo de maquiladora aquí"

María Elena y yo nos sentamos una frente a la otra - en el cuartucho de un hotel que alquilé en Reynosa, Tamaulipas, que se encuentra al otro lado de la frontera de McAllen, Texas. Viajé con una amiga y colega, Judy Rosenberg, para saber más sobre María Elena y Verónica Quiroz, ambas activistas del Comité Fronterizo de Obreras (CFO), y cómo los trabajadores estaban llevando su situación de salud y trabajo en compañías grandes de Reynosa como Delphi Electronics y TRW. Después nos acompañó Atanacio Martínez, un voluntario del CFO de la población cercana de Río Bravo, lugar de unos recientes encuentros entre la dirección de las empresas y los trabajadores y anfitriona de la internacionalmente anunciada elección para un sindicato, donde las tácticas de miedo e intimidación se usaron con el fin de derrumbar el voto para un sindicato independiente.

Los ojos oscuros de María Elena brillaban intensamente con una mezcla de rabia y entusiasmo al comentar sobre la necesidad de que los trabajadores se unan:  “la única forma de trabajar aquí es el trabajo de la maquiladora...para aquellos de nosotros sin una mejor educación... que somos tantos, en realidad la mayoría...si no luchamos por conseguir algo más, un trato algo mejor, siempre nos tratarán como nada más que mediocres”. Así es como un representante de CTM se refirió recientemente a nosotros en una reunión con los trabajadores... “gente mediocre”.  “Ustedes gente mediocre luchan y no saben por lo que están luchando”. “Él dice eso especialmente cuando se refiere a conseguir apoyo de nuestros aliados estadounidenses para nuestras luchas laborales”, dijo María Elena.

Podía sentir su pasión de justicia y me sorprendió un poco descubrir que su introducción a la lucha por la justicia en las maquiladoras había empezado cuando ella solo tenía 12 años. "Yo me relacioné con este trabajo porque a una temprana edad, mi propia mamá, Virginia Sierra, tenía que hacer huelga contra su empresa, la compañía Zenith, fabricante de televisores y radios. Yo tenía como 12 años y recuerdo que ayudaba a cocinar y llevaba la comida a las mujeres que estaban en huelga con la Zenith”. Comentó más de una vez que estas experiencias sin duda le influenciaron a convertirse hoy en portavoz contra la injusticia.

En cada sesión con las tres mujeres que pude entrevistar ese fin de semana, María Elena, Verónica y Sofía Rosales, sentí una profunda admiración por la fuerza que presencié cuando cada una me dijeron un poco más sobre ellas y cómo habían empezado a trabajar en la industria, o de cómo se habían mudado a la frontera, o de cómo se habían mantenido a sí mismas y a los miembros de su familia. Siempre me asombro de los detalles que emanan en respuestas a mis preguntas sobre los tipos de materiales con los que las mujeres han trabajado o sobre las condiciones de trabajo en las fábricas. A veces no puedo contener mi conmoción o la reacción de juzgar.

Al continuar con la historia del trabajo de María Elena supe pronto de la detallada lista de productos químicos que recuerda haber usado en los siete años que trabajó en Delnosa (actualmente Delphi). ¿Y cómo protección? “Nos dieron guantes amarillos de hule comunes para la casa. En un momento u otro, trabajé con alcohol industrial, tolueno, freón, formaldehído, plomo (para soldar), pinturas de aceite, rayos láser y luz ultravioleta. Tenía un goteo alérgico constante de la nariz”. Ella no mencionó ningún efecto a plazo largo en sí misma, y daba gracias que no se había presentado nada serio en el nacimiento de su único hijo. Pero entonces empezó a comentar con gran detalle sobre la aparición de envenenamiento por plomo en los pulmones de su hermana, que había trabajado en el soldado en una diferente planta de Delnosa. “Lo recuerdo bien porque yo estaba embarazada en ese momento y la llevé al hospital para que le hicieran pruebas...También recuerdo que tuvo que tomar una píldora radioactiva durante un año para poder eliminar la mancha en sus pulmones”.

No pude evitar el pensar que a cambio del mísero sueldo de entre $25 a $35 dólares por semana y de apenas mantener a sus familias e hijos, la clase de salarios que les prometen como bum del crecimiento económico y desarrollo bajo el TLC o del acuerdo ALCA que está por venir, que mujeres como María Elena y su hermana, o su madre, todas han pagado un precio más alto con su salud y el pronóstico de una larga vida al acudir al único trabajo disponible para ellas – en la maquiladora. En la frontera mexicana hoy día, hay más de un millón de personas trabajando en la industria de la maquiladora, pero la atracción del libre comercio ha sustentado su desarrollo mucho más allá de la frontera de México y EEUU en regiones como Yucatán. Mientras que la política del TLC prometía una prosperidad creciente en los tres países firmantes, la realidad es que muchos accionistas han prosperado verdaderamente, mientras que muchos más trabajadores han visto el opuesto absoluto. La liberalización del comercio se tradujo como condiciones de trabajo para las mujeres que han traído los horrores de formas rutinarias de acoso sexual y abuso físico, violencia, pruebas de embarazo obligatorias y la negación del derecho humano básico para organizarse colectivamente para poder exigir mejor salario y mejor trato. 

Hace unos meses hubo una demanda histórica contra dos maquilas en la región de Matamoros/Brownsville, presentada por unas pocas docenas de trabajadores ante la Oficina de Administración Nacional, National Administration Office, con el cargo de ejemplos extremos de lesiones médicas que pueden ser derivadas del trabajo en las maquilas sin el equipo adecuado de seguridad. Al continuar recogiendo historias como la de María Elena que ilustran la amplitud del problema, me molesta una cuestión moral – ¿qué hemos labrado en el nombre del desarrollo y el expansionismo corporativo global? ¿Con qué frecuencia se incluye en la conversación contemporánea del “pueblo global” la cuestión de la salud y el bienestar de nuestros hermanos y hermanas en la familia global?

Mujeres, hombres, y el liderazgo de los sindicatos

Como es activista para el CFO, la atención de María Elena estaba intensamente enfocada en nuestra reunión sobre los problemas de los trabajadores de Reynosa en Delphi Electronics donde trabaja su esposo, Juan. Los trabajadores en su fábrica han tratado de conseguir que se instalen nuevos representantes sindicales y estaban también muy preocupados porque los trabajadores están expuestos al envenenamiento por plomo que ha sido hallado en tantas operaciones de la fábrica. Ella había pasado el fin de semana preparando una carta con Verónica Quiroz que planeaban entregar a través de Juan al delegado sindical del taller.

Al escuchar a María Elena, reflexioné en silencio sobre las diferencias de personalidad entre estas jóvenes mujeres que habían tenido vidas enteras de experiencia en sus cortas vidas. A primera vista, María Elena parecía muy tímida, mientras que Verónica era más extrovertida, y el tipo de persona que “tomaba las riendas”. Verónica, que había estado organizando más tiempo que María Elena, también había trabajado desde que tenía 15 años y había mantenido a varios miembros de su familia con su menudo sueldo. A la edad de 27 años, Verónica casi tiene una dureza de acero que sin duda simboliza una vida de trabajos duros y poco tiempo para el ocio. También es chistosa y obviamente muy inteligente.

Uno de los momentos más emocionales de mi entrevista con Verónica estuvo enfocado en el tiempo cuando el dinero de su primer trabajo compró la tierra donde, literalmente con sus propias manos y la ayuda de su abuelo, construyó la casa donde hoy vive su madre. Esto no es tarea fácil, ya que los materiales de construcción de uso en México incluyen enormes bloques de cemento y hormigón. La estatura de Verónica es de 1.58m, así que cuando ella contaba sobre ese período de su vida, yo estaba verdaderamente atónita de la capacidad humana de supervivencia y percibí su necesidad, ya sea la típicamente maternal, femenina o cultural, de cuidar a su familia. Con ésto, y con tantas de sus muchas otras experiencias personales marcadas por el dolor, la pérdida y la lucha, entendí como Verónica podía cambiar de un momento a otro de verse como una mujer mayor, a los 27 años, o de lucir la dolorosa y dulce sonrisa de una jovencita. Parecía psicológicamente obvio que el humor y el control se habían convertido en parte de la forma de Verónica para enfrentarse al mundo y eran ya herramientas en su caja de útiles y en su equipo de organización. 

Al describir su batalla a distancia con el delegado sindical de Delphi, María Elena y Verónica me confiaron sus estrategias para conseguir una asamblea sindical para ayudar a los trabajadores de Delphi. La situación parecía retar las mentes de las mujeres contra el poder bruto de los hombres cuando explicaron en una carta que escribieron que hacía referencia a los alardes del delegado sobre sus habilidades. Esperan que con alabar la fuerza del hombre quizás él podría usar su influencia para poder contratar de nuevo a una popular trabajadora, injustamente despedida, a la que los empleados querían tener como su delegada sindical.

María Elena y Verónica también usaban el humor para hacer caminos más creativos para poder llegar a la resistencia de los trabajadores a la lucha por el cambio. Tengo un volante que me dio Verónica que trabajó con María Elena para delinear su dibujo y mensaje. Después los canalizaron a los trabajadores de Delphi a través de los disimulados esfuerzos del esposo de María Elena. Se les pedía a los trabajadores que pensaran dónde iban destinadas sus contribuciones sindicales obligatorias, cuando estaba claro que no salían adelante con los $400 pesos (aproximadamente $38 dólares) promedio por semana que les pagaban en las maquiladoras de Reynosa. La caricatura mostraba a un encargado del sindicato con una enorme bolsa de dinero al hombro –derivado de las contribuciones que habían pagado los trabajadores- y utilizado sólo para crear una entidad ineficaz, holgazana, aliada de la empresa que llenaba sus propios bolsillos como ladrón  institucional.

Los trabajadores se enseñan unos a otros

Algunos de los más amargos conflictos en Delphi se han centrado en el poder intransigente del liderazgo sindical existente que se ponía del lado de los intereses del inversor para evitar que los trabajadores obtuvieran salarios que cubran el coste de vida y poder responder a sus demandas de mejor protección para la salud y seguridad en el puesto de trabajo. María Elena y Verónica hablaron sobre la simplicidad de su mensaje a los trabajadores, que es que la gente debería trabajar en equipo por unos intereses comunes. Sin embargo, también se encontraron con dificultades de hacer llegar su mensaje a los trabajadores, que están exhaustos de las comúnmente largas jornadas y semanas laborales y especialmente temerosos de agitar las aguas y amenazar la seguridad de sus puestos de trabajo.

De cuando en cuando, una trabajadora referida a mí por el CFO me sorprende con sus respuestas, como Sofía Rosales, de 30 años. De descendencia maya, con su linda estatura de 1.37m, dice Sofía que nunca ha tenido problemas en responder a los encargados sobre el trato injusto. Como era una trabajadora rápida en TRW, Sofía frecuentemente llegaba a su cuota antes que otras trabajadoras, y tenía tiempo de sentarse. "Me ponían a trapear y una vez me lastimé, porque se me salió de lugar el DIU, porque la puerta y el equipo eran demasiado grandes para que pudiera mantener la puerta abierta para echar fuera el agua. Después de eso no permití que me dieran esos trabajos - pedía un pase para salir. Me llevaba bastante bien con los supervisores, pero son muy-muy dejados para el entrenamiento de los trabajadores y no tarda mucho en que se lastime alguna trabajadora, que se corte un dedo o algo así. Yo tuve suerte que mi única mala experiencia se curó fácilmente".

En general, sin embargo, la educación popular entre los trabajadores es una tarea de paciencia y amor, llevada a cabo por las voluntarias del CFO para el resultado final de un frente unificado de los trabajadores contra el arraigado poder de la empresa y/o sindicato. Por supuesto, el trabajo que María Elena y Verónica tenían que conseguir en Delphi al distribuir sus panfletos y ayudar a los trabajadores a invocar una asamblea sindical, apenas ofrece pistas de los conflictos que pueden surgir en una ciudad de la frontera mexicana donde las alianzas viejas y establecidas del sindicato – empresa  no pueden o no quieren traer mejoras a las vidas de los trabajadores de las maquilas y a sus familias.

Opresión en Río Bravo

La situación en Río Bravo, a unos 20 Km. al este de Reynosa, en la Duro Bag Company donde se ensamblan y exportan a EEUU  bolsas de compras y de regalo para compañías como Hallmark, bien demuestra la amargura que se puede crear cuando los intereses del sindicato y de la empresa se fusionan.  Desde Junio 2000 cientos de trabajadores, en su mayoría mujeres, han tratado de formar un sindicato independiente, pero el conflicto se ha hecho intensamente violento. Tanto que provoca cuestiones sobre la estrategia empleada o sobre la naturaleza de la oposición hacia un sindicato independiente. Es como si la industria, que ha preferido históricamente que los trabajadores sean jóvenes y mujeres, en base a la experiencia estereotípica que éstas sean más sumisas y más fáciles de controlar, no pudiera comprender una voz colectiva de cientos de mujeres diciéndoles “¡no!” a  la supremacía masculina encontrada en la maquiladora y en liderazgo sindical. ¿Podría la misoginia, el odio hacia las mujeres, explicar la profundidad de la violencia evocada en respuesta a la creación de un sindicato independiente en Río Bravo?

Cuando unas pocas mujeres representando a las trabajadoras de Duro en huelga viajaron al norte el verano pasado con la ayuda de la Coalición para la Justicia en las Maquiladoras, Coalition for Justice in the Maquiladoras (CJM) para dar su testimonio en Texas y Kentucky, hablaron de un poder abrumador de más de cien mujeres, muchas de ellas madres solteras y abuelas, que tuvieron que aguantar no solo la traición de sus supuestos líderes sindicales en la forma de trabajos peligrosos y salarios de esclavitud, sino que también tuvieron una oposición igualmente fuerte, tan odiosa que resultó en la paliza de trabajadoras embarazadas y discapacitadas que se unieron a la huelga general de junio de 2000. Mientras tanto, el liderazgo demostraba todo su poder económico y político al llamar a la policía local y a la milicia mexicana para intimidar a los trabajadores, que para entonces habían sido oficialmente despedidos de sus trabajos. En el otoño la casa de unos de los principales organizadores fue incendiada mientras que un panfleto que llamaba a los trabajadores a protestar contra las condiciones de trabajo, fue encontrado misteriosamente intacto en el incendio “accidental” en medio de los escombros.

Finalmente, el 1 de marzo de 2001, la lucha de diez meses de los trabajadores para conseguir una representación sindical independiente produjo una elección sindical, pero fue una elección no democrática. Las fuerzas una vez más demostraron su combinado poder económico y político. Los trabajadores informaron que su material informativo de campaña fue arrancado y destruido. Se les prohibió el paso a los observadores internacionales de la elección y no pudieron presenciar el proceso electoral. También vieron que se descargaron unas armas del maletero de un auto y fueron llevadas a la maquiladora. Se entendió esto como otro intento de intimidar a los trabajadores. La falsa elección produjo un “ganador" de un sindicato de nuevo nombre, pero con los mismos tipos de dirigentes.

¿Organización de feministas?

La capacidad de la representación de los trabajadores de maquila en toda la industria es obviamente mixta. Ya he visitado tres ciudades en la frontera EEUU-México y cada una tiene una diferente historia que contar de sus fracasos y éxitos para conseguir una paga más justa o unas condiciones de trabajo más razonables en las maquilas. Mientras que en la Duro Bag Company está claro que la superioridad económica dominó a los trabajadores, en Reynosa el continuo activismo para dar poder a los trabajadores de Delphi produjo recientemente un éxito optimista. Los fracasos en Duro Bag Company en una comunidad tan cercana a Reynosa, pero sin ninguna clara alianza con el CFO, no impidieron a la gente como María Elena o Verónica que apoyaran a los trabajadores en la forma que habían aprendido. Comparten su experiencia, enseñando a los trabajadores sus derechos ante la ley laboral federal y enseñándoles cómo iniciar quejas, cómo defenderse ante una conducta de supervisión que sea una clara violación de la ley y cómo exigir derechos de tratamiento médico y paga por incapacidad en el sistema de Seguro Social Méxicano para lesiones laborales.

El CFO es explícito sobre sus principios de organización, que son de siempre regresar a la voz, causa e interés de los trabajadores. Significa no moverse hasta que haya un apoyo claro de casi todos los trabajadores. Significa enseñarle a los trabajadores la importancia de luchar juntos por una causa o no hacerlo. Los métodos del CFO aparentemente funcionan porque se le da importancia de organizar cuidadosamente, juntar a las personas allá donde se encuentran, tanto si tienen miedo de hablar sobre sus necesidades como trabajadores o del miedo de reunirse en el lugar de trabajo o cerca de allí para quejarse sobre temas laborales. Así que las reuniones en casa son importantes y crear amistades también lo es, como lo es establecer alianzas con gente en México y en el extranjero, que no sólo ofrecen apoyo físico, sino que ofrecen apoyo emocional en tiempos difíciles. Como observadora desde fuera, he encontrado que el grupo tiene una fuerte atracción feminista en que le ponen mas valuación a las relaciones personal que a las estructuras jerárquicas de poder como base para desarrollar la solidaridad entre las obreras y la fuerza para vencer al enemigo.

Es un trabajo arriesgado, sin embargo, como mencionó María Elena, la población de las maquiladoras está compuesta por tanta gente que es en su mayoría gente sin estudio y a la merced de encontrar trabajo sólo en las maquilas. En la zona fronteriza el único otro empleo viable para las mujeres sin educación resulta siendo el trabajo doméstico. Y así, el desdén hacia la clase trabajadora sin educación y una disposición de misoginia por el aumento de una clase trabajadora predominantemente femenina, aparentemente se cruza con las actitudes expresadas por los líderes sindicales existentes de una llamada a una representación más justa, "Allá van otra vez, bola de mediocres…van y luchan y no saben en dónde se están metiendo". Por supuesto, saben donde se están metiendo. Como dice María Elena: "es trabajo difícil luchar contra la injusticia laboral, pero es un trabajo bueno. Tengo que hacer sacrificios cuando estoy haciendo el trabajo, especialmente cuando hay reuniones a cualquier hora y necesito que me ayude mi mamá a cuidar a mi hija. Pero también me gusta mucho. Puedo parecer muy callada, pero cuando estoy lista para decir algo, lo digo".

A pesar de la situación en Duro Bag Company, María Elena obviamente continúa haciendo su propio trabajo con muchos otras voluntarios del CFO para darles poder a los trabajadores en Delphi, que el 18 de marzo, 2001 tuvieron una elección en la planta de Delphi Electronics y con mayoría tajante suplantaron a los representantes sindicales existentes con otros elegidos por ellos. Durante toda la campaña electoral los trabajadores fueron aconsejados por el CFO. Es una victoria para los trabajadores y una victoria para el valor y la fuerza de mujeres como María Elena y Verónica que continúan retando el impacto de la política de la liberalización del comercio que daña el bienestar familiar de las familias mexicanas y dificulta la habilidad de las mujeres para cuidar de sí mismas y de sus seres queridos.

 

 

[1]  Originally published for Frontera Norte-Sur, Apr. 2000, at www.nmsu.edu/~frontera/

[2]  David Rosales Arriola and Alicia Santo Campello, of Traducciones Rosanto, live and work in Elche, Alicante, Spain.  David is Mexican-American by descent and former President of the U.S.-Mexico Chamber of Commerce in California.  Alicia worked in international banking in California for several years.  They can be reached at rosanto@medtelecom.net.